EL
MAL AJENO DE PELO CUELGA o la ironía de don Quijote
De
cuando en cuando daba Sancho unos ayes profundísimos y unos gemidos dolorosos;
y preguntándole don Quijote la causa de tan amargo sentimiento, respondió que
desde la punta del espinazo hasta la nuca del celebro le dolía de manera, que
le sacaba de sentido.
-La
causa dese dolor debe de ser, sin duda -dijo don Quijote-, que como era el palo
con que te dieron largo y tendido, te cogió todas las espaldas, donde entran
todas esas partes que te duelen; y si más te cogiera, más te doliera.
-¡Por
Dios -dijo Sancho-, que vuesa merced me ha sacado de una gran duda, y que me la
ha declarado por lindos términos! ¡Cuerpo de mí! ¿Tan encubierta estaba la
causa de mi dolor que ha sido menester decirme que me duele todo aquello que
alcanzó el palo? Si me dolieran los tobillos, aún pudiera ser que se anduviera
adivinando el porqué me dolían; pero dolerme lo que me molieron, no es mucho
adivinar. A la fe, señor nuestro amo, el mal ajeno, de pelo cuelga.
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