-Señor,
las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si
los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias; vuestra merced se
reporte, y vuelva en sí y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muestre
aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes.
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En
efecto, yo nací para ejemplo de desdichados, y para ser blanco y terrero donde
tomen la mira y asiesten las flechas de la mala fortuna.
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-Caballero
soy, de la profesión que decís; y aunque en mi alma tienen su propio asiento
las tristezas, las desgracias y las desventuras, no por eso se ha ahuyentado
della la compasión que tengo de las ajenas desdichas
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todas
nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y los celebros llenos
de aire. (II)
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el
descaecimiento en los infortunios apoca la salud y acarrea la muerte(II)
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