CAPÍTULO XLVI
Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora.
Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora.
-Suelen las fuerzas de amor
sacar de quicio a las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.
...
Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada de modo,
que es imposible borrarla.
La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace Amor milagros,
y asimesmo los levanta.
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sacar de quicio a las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.
...
Dulcinea del Toboso
del alma en la tabla rasa
tengo pintada de modo,
que es imposible borrarla.
La firmeza en los amantes
es la parte más preciada,
por quien hace Amor milagros,
y asimesmo los levanta.
Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en su gobierno.
...pero el
maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarlo Sancho; pero antes que
llegase a él, ni le gustase, ya la varilla había tocado en él, y un paje,
alzádole con tanta presteza como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho,
quedó suspenso, y mirando a todos, preguntó si se había de comer aquella comida
como juego de maesecoral. A lo cual respondió el de la vara:
-No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre
en las otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico, y estoy
asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por su
salud mucho más que por la mía..
De
lo que le sucedió a don Quijote con doña Rodríguez, la dueña de la duquesa, con
otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna
-¿Estamos seguras, señor caballero? Porque no tengo a muy honesta señal
haberse vuestra merced levantado de su lecho.
-Eso mesmo es bien que yo pregunte, señora -respondió don Quijote-; y así, pregunto si estaré yo seguro de ser acometido y forzado.
-¿De quién o a quién pedís, señor caballero, esa seguridad? -respondió la dueña.
-A vos y de vos la pido -replicó don Quijote-; porque ni yo soy de mármol ni vos de bronce, ni ahora son las diez del día, sino media noche, y aun un poco más, según imagino, y en una estancia más cerrada y secreta que lo debió de ser la cueva donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido. Pero dadme, señora, la mano, que yo no quiero otra seguridad mayor que la de mi continencia y recato, y la que ofrecen esas reverendísimas tocas.
Y diciendo esto, besó su derecha mano, y la asió de la suya, que ella le dio con las mesmas ceremonias.
-Eso mesmo es bien que yo pregunte, señora -respondió don Quijote-; y así, pregunto si estaré yo seguro de ser acometido y forzado.
-¿De quién o a quién pedís, señor caballero, esa seguridad? -respondió la dueña.
-A vos y de vos la pido -replicó don Quijote-; porque ni yo soy de mármol ni vos de bronce, ni ahora son las diez del día, sino media noche, y aun un poco más, según imagino, y en una estancia más cerrada y secreta que lo debió de ser la cueva donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y piadosa Dido. Pero dadme, señora, la mano, que yo no quiero otra seguridad mayor que la de mi continencia y recato, y la que ofrecen esas reverendísimas tocas.
Y diciendo esto, besó su derecha mano, y la asió de la suya, que ella le dio con las mesmas ceremonias.
CAPÍTULO XLIX
De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsula.
De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsula.
-¿Qué
oficio tienes?
-Tejedor.
-¿Y qué tejes?
-Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced.
-¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! Y ¿adónde íbades ahora?
-Señor, a tomar el aire.
-Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula?
-Adonde sopla.
-¡Bueno: respondéis muy a propósito! Discreto sois, mancebo; pero haced cuenta que yo soy el aire, y que os soplo en popa, y os encamino a la cárcel. ¡Asilde, hola, y llevadle; que yo haré que duerma allí sin aire esta noche!
-¡Par Dios -dijo el mozo-, así me haga vuestra merced dormir en la cárcel como hacerme rey!
-Pues ¿por qué no te haré yo dormir en la cárcel? -respondió Sancho-. ¿No tengo yo poder para prenderte y soltarte cada y cuando que quisiere?
-Por más poder que vuestra merced tenga -dijo el mozo-, no será bastante para hacerme dormir en la cárcel.
-¿Y qué tejes?
-Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced.
-¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! Y ¿adónde íbades ahora?
-Señor, a tomar el aire.
-Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula?
-Adonde sopla.
-¡Bueno: respondéis muy a propósito! Discreto sois, mancebo; pero haced cuenta que yo soy el aire, y que os soplo en popa, y os encamino a la cárcel. ¡Asilde, hola, y llevadle; que yo haré que duerma allí sin aire esta noche!
-¡Par Dios -dijo el mozo-, así me haga vuestra merced dormir en la cárcel como hacerme rey!
-Pues ¿por qué no te haré yo dormir en la cárcel? -respondió Sancho-. ¿No tengo yo poder para prenderte y soltarte cada y cuando que quisiere?
-Por más poder que vuestra merced tenga -dijo el mozo-, no será bastante para hacerme dormir en la cárcel.
CAPÍTULO L
Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa Sancha, mujer de Sancho Panza.
Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa Sancha, mujer de Sancho Panza.
-¿Qué es
esto, niña? ¿Qué señor es éste?
-Es un
servidor de mi señora doña Teresa Panza -respondió el paje.
Y
diciendo y haciendo, se arrojó del caballo y se fue con mucha humildad a poner
de hinojos ante la señora Teresa, diciendo:
-Déme
vuestra merced sus manos, mi señora doña Teresa, bien así como mujer legítima y
particular del señor don Sancho Panza, gobernador propio de la ínsula de
Barataria.
-¡Ay,
señor mío!, quítese de ahí: no haga eso -respondió Teresa-; que yo no soy nada
palaciega, sino una pobre labradora, hija de un estripaterrones y mujer de un
escudero andante, y no de gobernador alguno!
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