sábado, 21 de julio de 2018


CAPÍTULO LI
Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos

Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En resolución: él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran: Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza.


CAPÍTULO LII
Donde se cuenta la aventura de la segunda dueña Dolorida, o Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez.

Y sacando dos cartas las puso en manos de la duquesa. La una decía en el sobreescrito: Carta para mi señora la duquesa tal, de no sé dónde, y la otra: A mi marido Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria, que Dios prospere más años que a mí. No se le cocía el pan, como suele decirse, a la duquesa hasta leer su carta, y abriéndola y leído para sí, y viendo que la podía leer en voz alta para que el duque y los circunstantes la oyesen, leyó desta manera:

CARTA DE TERESA PANZA A LA DUQUESA:

Mucho contento me dio, señora mía, la carta que vuesa grandeza me escribió, que en verdad que la tenía bien deseada. 


CAPÍTULO LIII
Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza. 


...y llegándose al rucio, le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y no sin lágrimas en los ojos, le dijo:

-Venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos. 


CAPÍTULO LIV
Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna.


y al pasar, habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a él, echándole los brazos por la cintura. En voz alta y muy castellana, dijo:
-¡Válame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos a mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni estoy ahora borracho
y al pasar, habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a él, echándole los brazos por la cintura. En voz alta y muy castellana, dijo:
-¡Válame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos a mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni estoy ahora borracho.

Admiróse Sancho de oírse nombrar por su nombre y de verse abrazar del extranjero peregrino.



CAPÍTULO LV
De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras, que no hay más que ver.


Finalmente, como dicen, llevaron sogas y maromas; y a costa de mucha gente y de mucho trabajo, sacaron al rucio y a Sancho Panza de aquellas tinieblas a la luz del sol. Viole un estudiante, y dijo:
-Desta manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos gobernadores; como sale este pecador del profundo del abismo: muerto de hambre, descolorido y sin blanca, a. lo que yo creo.
Oyólo Sancho, y dijo:
-Ocho días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula que me dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera una hora...

                                              Ir a página principal

No hay comentarios:

Publicar un comentario

                            CAPÍTULOS DEL LXXI AL LXIV CAPÍTULO LXXI De lo que a don Quijote le sucedió con su escudero Sancho yendo a ...