CAPÍTULO LI
Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos
Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos
Hizo y
creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los
examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga
falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En resolución: él ordenó
cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran: Las constituciones del gran gobernador
Sancho Panza.
CAPÍTULO LII
Donde se cuenta la aventura de la segunda dueña Dolorida, o Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez.
Donde se cuenta la aventura de la segunda dueña Dolorida, o Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez.
Y sacando
dos cartas las puso en manos de la duquesa. La una decía en el sobreescrito: Carta para mi señora la duquesa tal, de no
sé dónde, y la otra: A mi marido Sancho Panza, gobernador de la ínsula
Barataria, que Dios prospere más años que a mí. No se le cocía el pan, como
suele decirse, a la duquesa hasta leer su carta, y abriéndola y leído para sí,
y viendo que la podía leer en voz alta para que el duque y los circunstantes la
oyesen, leyó desta manera:
CARTA
DE TERESA PANZA A LA DUQUESA:
Mucho contento me dio, señora
mía, la carta que vuesa grandeza me escribió, que en verdad que la tenía bien
deseada.
CAPÍTULO LIII
Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza.
Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza.
...y
llegándose al rucio, le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y no sin
lágrimas en los ojos, le dijo:
-Venid
vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador de mis trabajos y miserias:
cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban
los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo,
dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me
subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el
alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos.
CAPÍTULO LIV
Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna.
Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna.
y
al pasar, habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a
él, echándole los brazos por la cintura. En voz alta y muy castellana, dijo:
-¡Válame
Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos a mi caro amigo,
al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni
estoy ahora borracho
y
al pasar, habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a
él, echándole los brazos por la cintura. En voz alta y muy castellana, dijo:
-¡Válame
Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos a mi caro amigo,
al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni
estoy ahora borracho.
Admiróse Sancho de oírse
nombrar por su nombre y de verse abrazar del extranjero peregrino.
CAPÍTULO LV
De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras, que no hay más que ver.
De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras, que no hay más que ver.
Finalmente,
como dicen, llevaron sogas y maromas; y a costa de mucha gente y de mucho
trabajo, sacaron al rucio y a Sancho Panza de aquellas tinieblas a la luz del
sol. Viole un estudiante, y dijo:
-Desta
manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos gobernadores; como sale
este pecador del profundo del abismo: muerto de hambre, descolorido y sin
blanca, a. lo que yo creo.
Oyólo
Sancho, y dijo:
-Ocho
días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula que me
dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera una hora...



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