CAPÍTULO XXXVI
Donde se cuenta la extraña y jamás imaginada aventura de la dueña Dolorida,
alias de la condesa Trifaldi, con una carta que Sancho Panza escribió a su
mujer Teresa Panza.
...a
deshora se oyó el son tristísimo de un pífaro y el de un ronco y destemplado
tambor. Todos mostraron alborotarse con la confusa, marcial y triste armonía,
especialmente don Quijote, que no cabía en su asiento de puro alborotado; de
Sancho no hay que decir sino que el miedo le llevó a su acostumbrado refugio,
que era el lado o faldas de la duquesa, porque real y verdaderamente el son que
se escuchaba era tristísimo y melancólico.
Y estando todos así
suspensos vieron entrar por el jardín adelante dos hombres vestidos de luto,
tan luengo y tendido, que les arrastraba por el suelo...
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-No
querría yo que esta señora dueña pusiese algún tropiezo a la promesa de mi
gobierno; porque yo he oído decir a un boticario toledano que hablaba como un
silguero que donde interviniesen dueñas no podía suceder cosa buena. ¡Válame
Dios, y qué mal estaba con ellas el tal boticario! De lo que yo saco que, pues
todas las dueñas son enfadosas e impertinentes, de cualquiera calidad y
condición que sean, ¿qué serán las que son doloridas, como han dicho que es
esta condesa Tres Faldas, o Tres Colas? Que en mi tierra faldas y colas, colas
y faldas, todo es uno.
CAPÍTULO XXXVIII
Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la dueña Dolorida
Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la dueña Dolorida
“Hemos intentado averiguar por
qué esta historia sigue viva cuatrocientos y más años después. Tal vez la
respuesta sea que don Quijote y Sancho cabalgan juntos para siempre en lo más
profundo del alma humana.”
Aquí es donde ellos alargan más
la pluma, como les cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir.
Pero ¿dónde me divierto? ¡Ay de mí, desdichada! ¿Qué locura o qué desatino me
lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías? ¡Ay de
mí, otra vez, sin ventura!, que no me rindieron los versos, sino mi
simplicidad; no me ablandaron las músicas, sino mi liviandad: mi mucha
ignorancia y mi poco advertimiento abrieron el camino y desembarazaron la
senda...
CAPÍTULO XXXIX
Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable historia
Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable historia
...puesto
sobre un caballo de madera, pareció encima de la sepultura de la reina el
gigante Malambruno, primo cormano de Maguncia, que junto con ser cruel era
encantador, el cual con sus artes, en venganza de la muerte de su cormana, y
por castigo del atrevimiento de don Clavijo, y por despecho de la demasía de
Antonomasia, los dejó encantados sobre la mesma sepultura, a ella, convertida
en una jimia de bronce, y a él, en un espantoso cocodrilo de un metal no
conocido, y entre los dos está un padrón, asimismo de metal, y en él escritas
en lengua siríaca unas letras, que habiéndose declarado en la candayesca, y
ahora en la castellana, encierran esta sentencia:
No cobrarán su primera forma estos dos atrevidos amantes hasta que el valeroso manchego venga conmigo a las manos en singular batalla; que para solo su gran valor guardan los hados esta nunca vista aventura.
No cobrarán su primera forma estos dos atrevidos amantes hasta que el valeroso manchego venga conmigo a las manos en singular batalla; que para solo su gran valor guardan los hados esta nunca vista aventura.
CAPÍTULO XL
De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta memorable historia
De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta memorable historia
Es también de saber que Malambruno me dijo que cuando la suerte me deparase al
caballero nuestro libertador, que él le enviaría una cabalgadura harto mejor y
con. menos malicias que las que son de retorno, porque ha de ser aquel mesmo
caballo de madera sobre quien llevó el valeroso Pierres robada a la linda
Magalona, el cual caballo se rige por una clavija que tiene en la frente, que
le sirve de freno, y vuela por el aire con tanta ligereza, que parece que los
mesmos diablos le llevan. Este tal caballo, según es tradición antigua, fue
compuesto por aquel sabio Merlín; prestósele a Pierres, que era su amigo
CAPÍTULO XLI
De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura
De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura
Todas
estas pláticas de los dos valientes oían el duque y la duquesa y los del
jardín, de que recebían extraordinario contento, y queriendo dar remate a la
extraña y bien fabricada aventura, por la cola de Clavileño le pegaron fuego
con unas estopas, y al punto, por estar el caballo lleno de cohetes tronadores,
voló por los aires con extraño ruido, y dio con don Quijote y con Sancho Panza
en el suelo, medio chamuscados.
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