CAPÍTULO XXII
Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha
Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha
-¡Oh,
señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del Toboso!
Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones deste tu
venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches; que no son
otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto le he
menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el abismo que aquí
se me representa, sólo porque conozca el mundo que si tú me favoreces, no habrá
imposible a quien yo no acometa y acabe.
CAPÍTULO XXIII
De las admirables cosas que el extremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad
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CAPÍTULO XXIII
De las admirables cosas que el extremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad
...la
señora Belerma; la cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana, vuestro escudero,
y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de
vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha
muchos años, y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros:
solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por
compasión que debió tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas,
que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman
las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos
sobrinas, de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan.
Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido
en un río llamado de su mesmo nombre; el cual cuando llegó a la superficie de
la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que
os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero como no es
posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se
muestra donde el sol y las gentes le vean.
CAPÍTULO XXIV
Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia.
Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia.
Dice el
que tradujo esta grande historia del original, de la que escribió su primer
autor Cide Hamete Benengeli, que llegando al capítulo de la aventura de la
cueva de Montesinos, en el margen dél estaban escritas de mano del mesmo Hamete
estas mismas razones:
«No me puedo dar a entender, ni me puedo
persuadir, que al valeroso don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el
antecedente capítulo queda escrito: la razón es que todas las aventuras hasta
aquí sucedidas han sido contingibles y verisímiles; pero ésta desta cueva no le
hallo entrada alguna para tenerla por verdadera, por ir tan fuera de los
términos razonables. Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el más
verdadero hidalgo y el más noble caballero de sus tiempos, no es posible; que no
dijera él una mentira si le asaetearan.
CAPÍTULO XXV
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino.
Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino.
-Mirad,
señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que le pasaron en
una cueva llamada de Montesinos, si fueron falsas o verdaderas.
Y
haciéndole la acostumbrada señal, el mono se le subió en el hombro izquierdo, y
hablándole, al parecer, en el oído, dijo luego maese Pedro:
-El mono dice que parte de
las cosas que vuesa merced vio, o pasó, en la dicha cueva son falsas, y parte
verisímiles; y que esto es lo que sabe, y no otra cosa, en cuanto a esa
pregunta; y que si vuesa merced quisiere saber más, que el viernes venidero
responderá a todo lo que se le preguntare; que por ahora se le ha acabado la virtud,
que no le vendrá hasta el viernes, como dicho tiene.
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