CAPÍTULO XI
De la extraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el carro o carreta de Las Cortes de la Muerte
(Ricardo Balaca 1880)De la extraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el carro o carreta de Las Cortes de la Muerte
Estando en estas pláticas,
quiso la suerte que llegase uno de la compañía, que venía vestido de bojiganga,
con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía tres vejigas de vaca
hinchadas; el cual moharracho, llegándose a don Quijote, comenzó a esgrimir el
palo y a sacudir el suelo con las vejigas, y a dar grandes saltos, sonando los
cascabeles; cuya mala visión así alborotó a Rocinante, que, sin ser poderoso a
detenerle don Quijote, tomando el freno entre los dientes, dio a correr por el
campo con más ligereza que jamás prometieron los huesos de su notomía. Sancho,
que consideró el peligro en que iba su amo de ser derribado, saltó del rucio, y
a toda priesa fue a valerle; pero cuando a él llegó, ya estaba en tierra, y
junto a él, Rocinante, que, con su amo, vino al suelo: ordinario fin y paradero
de las lozanías de Rocinante y de sus atrevimientos.
CAPÍTULO
XII
De la extraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el bravo Caballero de los Espejos
De la extraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el bravo Caballero de los Espejos
-Cada día, Sancho -dijo
don Quijote-, te vas haciendo menos simple y más discreto.
-Sí, que algo se me ha de
pegar de la discreción de vuestra merced -respondió Sancho-; que las tierras
que de suyo son estériles y secas, estercolándolas y cultivándolas vienen a dar
buenos frutos: quiero decir que la conversación de vuestra merced ha sido el
estiércol que sobre la estéril tierra de mi seco ingenio ha caído; la
cultivación, el tiempo que ha que le sirvo y comunico; y con esto espero de dar
frutos de mí que sean de bendición, tales, que no desdigan ni deslicen de los
senderos de la buena crianza que vuesa merced ha hecho en el agostado
entendimiento mío
CAPÍTULO XIII
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos
Divididos estaban
caballeros y escuderos; éstos contándose sus vidas, y aquéllos sus amores; pero
la historia cuenta primero el razonamiento de los mozos y luego prosigue el de
los amos, y así, dice que, apartándose un poco dellos, el del Bosque dijo a Sancho:
-Trabajosa vida es la que pasamos y vivirnos,
señor mío, estos que somos escuderos de caballeros andantes: en verdad que
comemos el pan en el sudor de nuestros rostros, que es una de las maldiciones
que echó Dios a nuestros primeros padres.
-También se puede decir
-añadió Sancho- que lo comemos en el hielo de nuestros cuerpos; porque ¿quién
más calor y más frío que los miserables escuderos de la andante caballería? Y
aun menos mal si comiéramos, pues los duelos con pan son menos; pero tal vez
hay que se nos pasa un día y dos sin desayunarnos, si no es del viento que
sopla.
CAPÍTULO XIV
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque.
Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque.
-Muerto sois, caballero,
si no confesáis que la sin par Dulcinea del Toboso se aventaja en belleza a
vuestra Casildea de Vandalia; y demás de esto habéis de prometer, si de esta
contienda y caída quedárades con vida, de ir a la ciudad del Toboso y
presentaros en su presencia de mi parte, para que haga de vos lo que más en
voluntad le viniere; y si os dejare en la vuestra, asimismo habéis de volver a
buscarme, que el rastro de mis hazañas os servirá de guía que os traiga donde
yo estuviere, y a decirme lo que con ella hubiéredes pasado; condiciones que,
conforme a las que pusimos antes de nuestra batalla, no salen de los términos
de la andante caballería.
CAPÍTULO XV
Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los Espejos y su escudero.
Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los Espejos y su escudero.
Dice, pues, la historia,
que cuando el bachiller Sansón Carrasco aconsejó a don Quijote que volviese a
proseguir sus dejadas caballerías, fue por haber entrado primero en bureo con
el cura y el barbero sobre qué medio se podría tomar para reducir a don Quijote
a que se estuviese en su casa quieto y sosegado, sin que le alborotasen sus mal
buscadas aventuras; de cuyo consejo salió, por voto común de todos y parecer
particular de Carrasco, que dejasen salir a don Quijote, pues el detenerle
parecía imposible, y que Sansón le saliese al camino como caballero andante, y
trabase batalla con él, pues no faltaría sobre qué, y le venciese, teniéndolo
por cosa fácil...




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