CAPÍTULO XVI
De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha
(George Roux. 1866)De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de la Mancha
-Yo, señor Caballero de la
Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si
Dios fuese servido. Soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego de
Miranda; paso la vida con mi mujer, y con mis hijos, y con mis amigos; mis
ejercicios son el de la caza y pesca; pero no mantengo ni halcón ni galgos,
sino algún perdigón manso, o algún hurón atrevido. Tengo hasta seis docenas de
libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia algunos y de devoción
otros; los de caballerías aún no han entrado por los umbrales de mis puertas.
Hojeo más los que son profanos que los devotos, como sean de honesto
entretenimiento, que deleiten con el lenguaje y admiren y suspendan con la
invención, puesto que destos hay muy pocos en España. Alguna vez como con mis
vecinos y amigos, y muchas veces los convido; son mis convites limpios y
aseados, y no nada escasos; ni gusto de murmurar, ni consiento que delante de
mí se murmure; no escudriño las vidas ajenas, ni soy lince de los hechos de los
otros; oigo misa cada día; reparto de mis bienes con los pobres, sin hacer
alarde de las buenas obras, por no dar entrada en mi corazón a la hipocresía y
vanagloria, enemigos que blandamente se apoderan del corazón más recatado;
procuro poner en paz los que sé que están desavenidos; soy devoto de nuestra
Señora, y confío siempre en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.
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CAPÍTULO XVII
De donde se declaró el último punto y extremo adonde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote, con la felicemente acabada aventura de los leones
De donde se declaró el último punto y extremo adonde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote, con la felicemente acabada aventura de los leones
-Así es verdad -respondió
don Quijote-: cierra, amigo, la puerta, y dame por testimonio en la mejor forma
que pudieres lo que aquí me has visto hacer; conviene a saber: como tú abriste
al león, yo lo esperé, él no salió, volvíle a esperar, volvió a no salir y
volvióse a acostar. No debo más, y encantos afuera, y Dios ayude a la razón y a
la verdad y a la verdadera caballería; y cierra como he dicho, en tanto que
hago señas a los huidos y ausentes, para que sepan de tu boca esta hazaña.
CAPÍTULO XVIII
De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes.
De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes.
...desarmóle Sancho, quedó
en valones y en jubón de camuza, todo bisunto con la mugre de las armas; el
cuello era valona a lo estudiantil, sin almidón y sin randas; los borceguíes
eran datilados, y encerados los zapatos. Ciñóse su buena espada, que pendía de
un tahalí de lobos marinos (que es opinión que muchos años fue enfermo de los
riñones); cubrióse un herreruelo de buen paño pardo; pero antes de todo, con
cinco calderos, o seis, de agua, que en la cantidad de los calderos hay alguna
diferencia, se lavó la cabeza y rostro...
... -¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta, que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca!
... -¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta, que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca!

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