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...habiendo y
debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y
que ni el interés ni el miedo, el rancor ni la afición, no les hagan torcer del
camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de
las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia
de lo por venir.
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-Así es
-replicó Sansón-; pero uno es escribir como poeta y otro como historiador: el
poeta puede contar o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y
el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin
añadir ni quitar a la verdad cosa alguna.
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las acciones
que ni mudan ni alteran la verdad de la historia no hay para qué escribirlas si
han de redundar en menosprecio del señor de la historia. A fe que no fue tan
piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente Ulises como le describe
Homero
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la verdad adelgaza y no quiebra,
y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.
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