ü ¿Cómo me puedo
engañar en lo que digo, traidor escrupuloso? -dijo don Quijote-. Dime, ¿no ves
aquel caballero que hacia nosotros viene sobre un caballo rucio rodado, que
trae puesto en la cabeza un yelmo de oro?
-Lo que yo veo y columbro
-respondió Sancho- no es sino un hombre sobre un asno pardo, como el mío, que
trae sobre la cabeza una cosa que relumbra.(I
ü ...cada uno meta la mano en su pecho, y
no se ponga a juzgar lo blanco por negro y lo negro por blanco; que cada uno es
como Dios lo hizo, y aun peor muchas veces.
ü -Vive Dios, señor
Caballero de la Triste Figura, que no puedo sufrir ni llevar en paciencia
algunas cosas que vuestra merced dice, y que por ellas vengo a imaginar que
todo cuanto me dice de caballerías y de alcanzar reinos e imperios, de dar
ínsulas y de hacer otras mercedes y grandezas, como es uso de caballeros
andantes, que todo debe de ser cosa de viento y mentira, y todo pastraña, o
patraña, o como lo llamáremos. Porque quien oyere decir a vuestra merced que
una bacía de barbero es el yelmo de Mambrino, y que no salga de este error en
más de cuatro días, ¿qué ha de pensar, sino que quien tal dice y afirma debe de
tener güero el juicio? La bacía yo la llevo en el costal, toda abollada, y
llévola para aderezarla en mi casa y hacerme la barba en ella, si Dios me diere tanta gracia que algún
día me vea con mi mujer y hijos,(I)
ü -Por
la fe de caballero andante -respondió don Quijote-, que así como vi este carro
imaginé que alguna grande aventura se me ofrecía; y ahora digo que es menester
tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño. Andad con Dios,
buena gente, y haced vuestra fiesta, y mirad si mandáis algo en que pueda seros
de provecho. (II)
ü -Y
¿crees tú, Sancho, por ventura, que el Caballero de los Espejos era el
bachiller Carrasco, y su escudero Tomé Cecial tu compadre?
-No sé qué me diga a eso -respondió Sancho-; sólo sé que las señas que me dio
de mi casa, mujer e hijos no me las podría dar otro que él mesmo; y la cara,
quitadas las narices, era la misma de Tomé Cecial, como yo se la he visto
muchas veces en mi pueblo y pared en medio de mi misma casa; y el tono de la
habla era todo uno.
-Estemos a razón, Sancho -replicó don Quijote-. Ven acá: ¿en qué consideración puede caber que el
bachiller Sansón Carrasco viniese como caballero andante, armado de armas
ofensivas y defensivas, a pelear conmigo? ¿He sido yo su enemigo por ventura?
¿Hele dado yo jamás ocasión para tenerme ojeriza? ¿Soy yo su rival, o hace él
profesión de las armas, para tener invidia a la fama que yo por ellas he
ganado? ...
... -Todo es artificio y traza -respondió don Quijote-, de los malignos magos
que me persiguen; los cuales, anteviendo que yo había de quedar vencedor en la
contienda, se previnieron de que el caballero vencido mostrase el rostro de mi
amigo el bachiller, porque la amistad que le tengo se pusiese entre los filos
de mi espada y el rigor de mi brazo, y templase la justa ira de mi corazón, y
desta manera quedase con vida el que con embelecos y falsías procuraba quitarme
la mía...
... -Dios sabe la verdad de todo -respondió Sancho
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